La invasión europea de lo que hoy es América desempeña un papel muy significativo dentro
de la manera en que se imaginan y se relacionan las culturas europeas y las americanas en
la actualidad. Eso que llamamos América no existiría ni podría pensarse sin la exploración y
colonización extranjeras. Y también la Europa occidental de hoy fue profundamente
modificada y moldeada por esa misma historia. Los ejemplos de la dieta son sencillos pero
dicientes. La comida de muchos países europeos, desde Italia hasta Irlanda, no sería lo
mismo sin la papa suramericana o el tomate norteamericano. Y más lejos aún: uno de los
manjares entre las poblaciones caribeñas era una fruta llamada ananás
. Por su forma parecida a los frutos del pino, los españoles la llamaron piña, y los europeos la
difundieron por los cinco continentes, hasta ser un elemento fundamental de la cocina de
Tailandia y Cambodia. La economía, las estructuras sociopolíticas, la dieta, las artes y letras,
así como la autopercepción general de estas poblaciones, están marcadas por la historia
colonial.
Para 1492, España se había consolidado como una de las primeras naciones europeas que, en la era moderna, se unificaron bajo un gobierno central. Esto se había logrado después de varios siglos de lucha armada contra la presencia árabe en la Península Ibérica.
Con la expulsión de los últimos moros del sur, en Granada, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón
–los Reyes Católicos– aseguraron su dominio del nuevo reino unificado que ahora era España
. También en ese año se decretó la expulsión de los judíos (o su forzosa conversión al cristianismo),
y se publicó la primera gramática española (Antonio de Nebrija 1441-1552).
Estos datos revelan tres de las bases ideológicas y políticas con que se inició la expansión española en América:
En primer lugar, había un ejército muy organizado y ansioso de nuevas conquistas
heroicas en nombre del cristianismo.
En segundo término, el catolicismo, el idioma español y el absolutismo de la Corona
eran los elementos unificadores de
la nueva identidad nacional.
Y un tercer factor, no menos importante, era la ambición expansiva, en busca de riquezas
para premiar a los héroes de la Reconquista y sostener una economía basada en la
guerra y en la posesión de tierras. Ya que el comercio comenzaba a florecer en
Europa, la compra y venta de mercancías era una dinámica social fundamental que
utilizaba el oro y la plata como monedas de cambio.
Así pues, la colonización de América tenía, en la esfera ideológica, una misión evangelizadora:
cristianizar heroicamente el mundo, por conversión o por miedo.
A escala política, su papel era expandir el dominio de la Corona española, consagrada a la fe católica.
En el campo económico, había que encontrar metales preciosos
, competir comercialmente con el resto de Europa, y dar tierras a los héroes españoles y a la Iglesia
. Por eso la conquista fue una operación fundamentalmente militar, pero también evangelizadora, que
avanzó en busca de oro y de plata hasta el extremo sur del continente, con la esperanza de encontrar
el legendario “dorado”. Son típicas las imágenes de los conquistadores españoles con sus armaduras
y caballos, siempre acompañados de sacerdotes católicos, convirtiendo a los indígenas o luchando
contra ellos, y fundando ciudades en nombre de Dios y del rey.
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