LA EXPERIENCIA HISTÓRICA DE AMÉRICA LATINA constituye un caso singular
en el estudio de los temas del imperio. Después de conquistada su inde-
pendencia política y disueltos los lazos coloniales con España y Portugal, los
países latinoamericanos ya no estuvieron sometidos en su historia al domi-
nio de un imperio formal. Sin embargo, está muy difundida la idea de que
en el siglo XIX la región estuvo bajo la órbita del imperio informal de Gran
Bretaña, la potencia mundial con mejores condiciones para reivindicar en
aquel entonces una posición de supremacía global.1
Miembros de la comunidad internacional reconocidos como estados
independientes desde la década de 1820, los países latinoamericanos man-
tenían con las grandes potencias una relación de asimetría de poder, en la
cual la hipótesis de la amenaza o el uso de la fuerza era un factor siempre
presente. Desde el punto de vista británico, América Latina era un área pe-
riférica extra imperio donde los dilemas de la influencia política, expansión
económica y relevancia estratégica se planteaban no en el sentido colonial
clásico, sino en el marco desterritorializado de ciertas reglas internaciona-
les, muchas de ellas no escritas, aplicables a las relaciones entre los estados
soberanos de un sistema westfaliano aún sin organizaciones multilate-
rales permanentes, y sin restricciones legales al unilateralismo discrecional
de las potencias en la cima de la jerarquía del poder mundial.
En vista de las formulaciones teóricas disponibles sobre la política bri-
tánica, hay dos visiones que conviene particularmente tomar con cautela: la
primera sería la conservadora-metropolitana, en grados diversos benevolente
con la perspectiva del centro imperial, la cual llamaremos aquí tesis del no
intervencionismo benigno; la segunda sería la radical-periférica, equivalente a los
revisionismos poscoloniales que atribuyen al imperialismo todos los males
de los pueblos apenas conquistada su autodeterminación, a la cual llama-
remos tesis superimperialista. La búsqueda de una interpretación histórica a
medio camino entre esas dos tesis es el tema de este artículo
En América Latina la teoría de la dependencia y sus variantes radicalizaron el debate en
las décadas de los sesenta y setenta y lanzaron duros ataques a lo que sería
la explotación promovida por las potencias capitalistas centrales, en espe-
cial el “imperialismo yanqui”, sobre las economías subordinadas de los paí-
ses periféricos. Condenada al subdesarrollo por la división internacional
del trabajo y dominada desde fuera, América Latina habría pasado del yugo
de la colonización ibérica directamente a la hegemonía británica y luego
a la estadounidense.5 Por cierto, la controversia Gallagher y Robinson
en Gran Bretaña y la tradición nacionalista (no siempre marxista-leninista) en
América Latina fueron dos abordajes hermanos que casi no dialogaron,
pero llegaron a conclusiones muy parecidas. Las teorías del “imperialismo
del libre comercio” y de la dependencia denunciaban la manipulación bri-
tánica y la complicidad entre gobierno y hombres de negocios para explo-
tar la región. Sea como fuere, uno de los problemas de muchas obras sobre
el imperialismo en América Latina era la tendencia a sobreestimar la capa-
cidad de las potencias capitalistas para “mover los hilos” a su favor. En rea-
lidad, ese poder hegemónico no era ilimitado ni omnipresente. Resulta
poco convincente la visión de una Gran Bretaña todopoderosa, dueña y
señora de los destinos del continente latinoamericano, como lo veremos
más adelante.

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